Casa Baladre

SUPERFICIE CONSTRUÍDA 257 m2
Año de finalización 2021

El objetivo del estudio ha sido desarrollar una arquitectura donde la forma y la luz constituyan el verdadero sistema organizador del espacio doméstico. El proyecto se plantea como una operación geométrica sobre un volumen continuo: vaciar, plegar y espesar un único cuerpo construido hasta convertirlo en lugar habitable. A nivel formal, la vivienda se compone a partir de la tensión entre dos órdenes complementarios. Por un lado, la ortogonalidad estructural —suelo, techo y planos verticales— establece la estabilidad y la medida del espacio. Por otro, la aparición de aristas redondeadas y encuentros suavizados disuelve la rigidez de esa retícula y transforma la geometría en algo próximo al modelado. Las piezas no se añaden, emergen por continuidad material. La escalera, el paso curvo y la campana de la chimenea son deformaciones controladas de una misma masa blanca, operaciones de sustracción y transición más que elementos autónomos. La chimenea se concibe como un volumen primario que organiza la percepción mediante proporción y verticalidad. Su geometría troncopiramidal introduce una dirección ascendente que equilibra la horizontalidad dominante del espacio. No actúa como objeto focal en sentido decorativo, sino como referencia dimensional: un elemento que permite leer la escala del interior y medir las distancias. Su base baja prolonga el plano del suelo, mientras su altura establece un eje de gravedad visual que ordena la estancia sin dividirla. La continuidad geométrica se refuerza mediante la reducción material. El acabado homogéneo elimina la lectura fragmentada de planos independientes y permite percibir el interior como un solo cuerpo tallado. Así, la arquitectura no se entiende como ensamblaje sino como topografía interior, donde los cambios de dirección, espesor o curvatura sustituyen a los límites convencionales. La luz natural completa esta construcción formal. En lugar de penetrar de manera directa, se filtray se difunde sobre las superficies blancas, transformándolas en planos reflectantes que amplifican la profundidad. La iluminación no subraya objetos sino geometrías. Las sombras son graduales, nunca abruptas, permitiendo que la percepción del espacio dependa del tiempo y no de la decoración. En líneas generales el proyecto busca así una arquitectura estable y atemporal donde la forma se define por proporción y continuidad, y donde la luz actúa como materia variable capaz de activar el volumen. El espacio no pretende ser contemplado como imagen, sino experimentado como secuencia: una habitación cuya identidad surge de la relación entre geometría precisa y luminosidad calmada.